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Aura Festival

La reivindicacion del trabajo obrero femenino en Alma y nervio: “¿Cuantas somos y donde estamos?”

Por Rocío Ortega

Cuatro mujeres,

un espacio.

Un espacio no convencional:

la fábrica.

La fábrica detenida en el tiempo,

en funcionamiento.

Vieja,

callada, 

habitada

por ellas,

por todxs.

La voz de una mujer: “vamos a dar fábrica”. La linterna de su celular que se prende y nos avisa que adentro va a estar oscuro, ella que nos dice que la sigamos mientras abre una puerta. La puerta es distinta de cualquier otra puerta y el lugar, a medida que avanzamos, parece hacerse cada vez más grande e interminable.

El cielo que se puede ver aunque estemos dentro, las paredes corrompidas por el paso del tiempo, las máquinas enormes, quietas y silenciosas (seguro hacen mucho ruido cuando se las prende). La cita, valga la redundancia, es en C.I.T.A. (Cooperativa Industrial Textil Argentina de Producción y Consumo), ubicada en 115 y 62. Avanzamos pero en un momento nos quedamos quietos, no sabemos qué va a pasar ni dónde/adónde estamos. A la vuelta de C.I.T.A. hay gente, hay ruido. Acá hay silencio. ¿Nos tenemos que quedar parados acá? La función comienza.

Sobre unas tablas de madera, dos mujeres. Hablan, se mueven, están vestidas como mujeres que las actrices no son y que los demás tampoco. Por la derecha (qué gran referencia) se acercan, corriendo, otras dos mujeres. Aunque no son las mismas, son iguales. No las conocemos porque no pertenecemos a su clase, pero sabemos que son ellas. En sus voces, en sus gestos, en sus tapados de piel, distinguimos el estereotipo de mujer adinerada, patrona, explotadora.

Son esas mujeres, pero luego son otras. Se quitan los abrigos y su ropa abajo es diferente. Sus personajes mutan: pasan a ser cuatro obreras, trabajadoras, muy distintas a las anteriores. Lo que dicen es distinto, la voz con la que hablan es distinta, cómo se mueven es distinto, sus caras son distintas. Son mujeres pero parecen máquinas, máquinas como las que las rodean: sus movimientos son mecánicos, sus narraciones repetitivas.

En ese gran escenario que es la fábrica, y con esa gran utilería que es todo lo que hay allí, sólo hay cuatro actrices, pero el número de personajes que interpretan es el doble. Aunque no tienen nombre, los diferenciamos bien. Por momentos son esas primeras mujeres, luego son las obreras, después vuelven a ser las de los tapados, luego las máquinas. 

El trabajo de las actrices (Laura Noemí Casellas, Daniela Gau, Julieta Rita Isla y Glenda Pocai) es extraordinario. Actúan el espacio, lo habitan, lo hacen propio, manejan las máquinas como si las conocieran desde siempre, caminan, corren, se trepan, se quedan estáticas. Actúan en espejo, repiten y repiten y repiten las mismas frases una y otra vez. Por momentos hablan en coro, por otros monologan, a veces dialogan. 

Alma y nervio deja entrever lo que su nombre anuncia: el alma y el nervio de esas mujeres, que no tienen tiempo para parar y pensar porque la sensación de que algo está sucediendo (aunque no sabemos muy bien qué) es constante. Las actrices, con una gran versatilidad y destreza, nos muestran dos caras de una misma época y dependiendo de en qué personaje “estén”, transmiten miedo, incertidumbre, dolor, angustia, cansancio, esperanza o desesperación, y por momentos, incluso, nos hacen sentir incómodos. La obra reivindica el trabajo obrero, el trabajo femenino. “¿Cuántas somos y dónde estamos?” se preguntan esas mujeres-obreras-máquinas una y otra vez y una y otra vez y una y otra vez… 


FICHA TÉCNICA ARTÍSTICA 

Actúan: Laura Noemí Casellas, Daniela Gau, Julieta Rita Isla, Glenda Pocai 

Iluminación: David Manuel Schoijet 

Video: Andy Milstein Sonido: David Manuel Schoijet 

Fotografía: Andy Milstein Diseño gráfico: ClaudIa Luque 

Asistencia técnica: ClaudIa Luque 

Dirección: María Fernanda Pintos